Nací en un pueblecito suspendido en el tiempo y la historia, que aún se conserva intacto en sus tradiciones, envuelto entre montañas.
Ante ese despliegue de canto a la naturaleza, a la vida y al color, sentí la necesidad de establecer un diálogo volcando en mis telas ese idioma sin palabras.
Autodidacta por excelencia en mi primera infancia llegaron a mis manos un conjunto de óleos con los que jugando con los colores plasmé toda la vida que en mi alrededor vibraba. Luego llegó la dedicación plena, el amor por lo realizado, el afán de la superación, la ilusión de lo no creado pero que ya ha tomado forma en la mente.
Días convertidos en segundos viajando, conociendo museos, enfrentándome a los grandes maestros, inspiración de mis obras.
Siento que debo mostrarte mi lenguaje, hacerte conocer mi idioma, tengo que continuar expresándote mis vivencias...
Pinto la vida y a la vida, por eso pinto para tí. |